La fuerza expresiva de Onofri

Cabría plantear la pertinencia de cerrar la temporada de la Orquesta Barroca con un programa como el que anoche y hoy presenta en el Teatro Lope de Vega. Porque no es esta pequeña ópera de Haydn una obra que entusiasme al público en general y que lo predisponga a subscribir el abono de la temporada que próximamente se anunciará. 

Haydn siempre es Haydn, claro, y aquí el gran creador quiso posiblemente experimentar con las posibilidades dramáticas de la orquesta, asumiendo la boga que por entonces tenía el nuevo género del melodrama (melólogo en España), en el que los actores recitaban un drama con el colchón expresivo de las intervenciones orquestales. En esta joyita dramática de Metastasio Haydn plantea seis arias y un cuarteto final en medio de amplios pasajes de recitativos orquestales de fuerte carga dramática y que exigen una dirección minuciosa y teatral y una orquesta flexible y preparada para súbitos cambios expresivos.

EXHIBICIÓN DE TÉCNICA ORQUESTAL EN UNA ÓPERA EXPERIMENTAL DE HAYDN

Todo un ejercicio de expresividad orquestal que tuvo en Onofri al director ideal, dada su capacidad para extraer sentido narrativo de cada parte de un compás y así lo volvió a demostrar en los abundantes pasajes en los que la orquesta subraya el sentido de cada palabra. La OBS le siguió con flexibilidad y brillo, con intervenciones solistas de muchos quilates.

Estupendo el cuarteto vocal seleccionado, especialmente en el caso de una Mameli capaz de sombrear y llenar de claroscuros su sonido. Brillante Frigato, muy en el papel de ingenua; potente Bettini (algo nasal) y muy lírico Sordo, con tendencia a sonidos fijos.

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Photo by Maria Svarbova

La isla de Haydn

Enrico Onofri dirige L’Isola disabitata de Haydn con la Orqiesta Barroca de Sevilla

José Amador Morales – Codalario – 7 de Mayo de 2018

Resulta hasta cierto punto sorprendente el hecho por el que un libreto como el de L’isola disabitata del célebre Metastasio, de trama tan inconsistente y con tan escasos momentos dramáticos de entidad, fuese tan reclamado por compositores como Giuseppe Bonno (Madrid, 1753), Niccolò Jommelli (Ludwigsburg, 1761) o Tommaso Traetta (Padua, 1765). Encargado a instancia del gran Farinelli para la corte de Aranjuez, la ausencia de un teatro adecuado motivó la simplicidad de componentes, convirtiéndolo de facto en una ópera de cámara.

Cuando Joseph Haydn compone música sobre este libreto en 1779 para la corte Estérhazy nos encontramos en pleno desarrollo del nuevo estilo clásico surgido tras la crisis de la ópera seria, el progresivo éxito de la bufa, la reforma de Gluck y esa suerte de síntesis entre el estilo galante y los celebrados efectos del llamado Sturm und Drang. Además, el compositor vienés para esa fecha ya ha desarrollado una imponente carrera y atesora unos resortes compositivos que le llevarán a ser considerado junto a Mozart el máximo exponente de la música de su tiempo. Musicalmente su versión de L’isola disabitata se ajusta a la perfección a los criterios de simplicidad del nuevo estilo, evitando superficiales ornamentaciones, desarrollando el recitativo acompañado (es muy significativo que la primera aria se sitúe bien avanzada la ópera), suprimiendo repeticiones y, en definitiva, realzando los valores expresivos de la melodía en sí y de la riqueza tímbrica (recordemos que Haydn tenía a su disposición una orquesta de reconocido prestigio). No obstante, a nivel global la ópera adolece de cierta irregularidad en el desarrollo dramático y, salvo ciertos momentos como la obertura y el amplio finale (con esa suerte de concerto grosso con voces), no se encuentra entre lo más logrado de Haydn quien, por otra parte, tampoco fue en el terreno operístico donde obtuvo su mayor reconocimiento (al contrario que su admirado Mozart, cuyo talento teatral es esencial hasta cuando no compone para la escena).

La Orquesta Barroca de Sevilla culminaba su actual temporada con esta competente lectura de la ópera de Haydn ofrecida en sendas versiones concertantes. Dirigida por Enrico Onofri, un habitual invitado del conjunto sevillano, su ejecución rezumó frescura, vitalidad y, sobre todo, un sonido limpio y equilibrado dentro de cierta sobriedad. Entre los cantantes destacaron la Sylvia encantadora y muy comunicativa de Silvia Frigato, comodísima en este rol, la expresiva Costanza de Roberta Mameli y el idiomático y elegante Ernico de Fulvio Bettini. No obstante, la pretendida musicalidad del Gernando de Víctor Sordo no compensó una emisión sin apoyo y de resonancia nasal.

 

La isla no estaba deshabitada

La Orquesta Barroca de Sevilla despide la temporada en el Lope con un encantador Haydn menor

Ismael G. Cabral – El Correo de Andalucía – 03 mayo 2018 
 
La Orquesta Barroca de Sevilla clausura esta semana su temporada 17/18 en Sevilla con dos funciones de la ópera ‘L’isola disabitata’, de Haydn. / Jesús Barrera

© Jesús Barrera

 

Un tanto prematuramente la Orquesta Barroca de Sevilla (OBS) despedía anoche (aunque hoy hay una segunda y última función) su temporada de conciertos 17/18 con una interpretación en concierto de L’isola disabitata (1779) de Franz Joseph Haydn, segunda ópera del compositor austríaco que el conjunto aborda tras aquella lejana escenificación de Lo Speziale en 2002 en el Teatro de la Maestranza. En ambos casos dos títulos líricos menores pero ejemplarmente defendidos por la OBS, la de hoy, lógicamente, seguro muy superior a la que hace 16 pudimos juzgar. Volvía el italiano Enrico Onofri, principal director invitado de la Orquesta, seguramente el mejor fichaje posible para respaldar una ópera como esta que, precisamente, no funciona sola, queremos decir, sin que haya un concertador que cuide cada esquirla de una obra prolija en recitativos y con arias no excesivamente brillantes.La patina del tiempo no otorga mayor valor a las obras de arte, y esta Isla deshabitada deviene a nuestros oídos en un momento no especialmente inspirado de la trayectoria del compositor de Il mondo della luna.

Sin embargo, la Barroca tiene por sana costumbre no poner nada en los atriles que sus músicos no crean hasta las últimas consecuencias, lo que viene siendo exprimir una creación –ofrecida (presupuesto obliga) en versión de concierto– en la que pudimos valorar cada subrayado de los recitativos. No es lugar común reiterar el marcado dramatismo y teatralidad que Onofri confiere a sus versiones, potenciando como vimos anoche cada frase, cada comentario, de un teatro musical en el que se logró lo más difícil, no echar de menos escenario alguno. A nivel instrumental, es cierto que el concertino, Stefano Barneschi, sufrió alguna difícil coyuntura con la afinación, pero tanto el bajo continuo –sobresaliente el llamativo virtuosismo del recitativo previo al cuarteto final, otra vez la imponente Mercedes Ruiz– como maderas y vientos ofrecieron una prestación modélica y con un sonido global enormemente característico de la OBS.

Sin medianías, sensacional la soprano Roberta Mameli, altísima en los agudos, con una proyección controlada y un estilo plenamente clásico. Silvia Frigato, de timbre elegante y voz bien centrada, quedó algo oscurecida en el final por su compañera, aunque su canto fue igualmente apreciable durante toda la representación. Si bien Fulvio Bettini supo moldear su voz de bajo, que no sonó envarada y corrió con naturalidad, no logró –o no quiso– rebajar el vibrato en su canto, llevando a Haydn a terrenos casi rossinianos. Al tenor Haydn le reserva escasos momentos de lucimiento, en todo caso Víctor Sordo otorgó lo máximo que podía a su papel de Gernando. La peripecia dramática no supera el calificativo de tontería dieciochesca. Pero el número final compensa con creces cualquier pero que queramos ponerle.

 

 

 

 

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