Crítica del concierto del Cuarteto Bretón el pasado 6 de Febrero en el Palau de la Música de Valencia en el ciclo de la Sociedad Filarmónica de Valencia, por José Doménech Part para El Levante-EMV. Obras de Hermes Luaces, Shostakovich y Sibelius.

Cuarteto Bretón picado color

Shostakovich recuperado

Perplejas se quedaron las paredes de la Sala Iturbi al recibir tantos pentagramas del siglo XX y XXI como en el último concierto de la SFV. Está bien que así sea para comprender que, también en música, hay otros mundos y está ahí afuera. Si todo el concierto pudo calificarse de sobresaliente, la versión escuchada a los solistas del Bretón del Cuarteto nº 8, Op. 100, de Shostakovich (el más conocido de su producción de música de cámara) rayó en lo excepcional porque a la vitalidad de cada componente complementada por un sonido no por empastado menos delicado, la obra fue creciendo con decisión y entrega total, resultado, sin duda alguna, de un trabajo estructurado a conciencia.

La obra fue escrita en 1960, mientras luchaba contra una grave enfermedad y antes de abrazar el Partido Comunista. El compositor reutilizó temas de alguna de sus sinfonías, óperas y otras obras consiguiendo una partitura que atrapa por su vitalismo. El espléndido virtuosismo de la francesa Anne-Marie North y del madrileño antonio Cárdenas a los violines, junto al puntal necesario del viola almanseño Alberto Cle y la profunda densidad sonora del canadiense John Stokes al cello condensaron una versión plena de intensidad, a más de extrovertida, pero sin forzar los mimbres. No en vano, uno de los asistentes manifestó a la salida que ¡Acababa de reconciliarse con Shostakovich! Prueba superada.

La sesión abrió con el Cuarteto nº 1 de Hermes Luaces (Madrid, 1975), compositor formado en el Real Conservatorio de su ciudad. Autor de un amplio catálogo que incluye obras de cámara, sinfónica, sin dejar de incursionar en la música electrónica, su cuarteto es pura música viva, que avanza impulsada por la agilidad de su escritura con la colaboración necesaria de los intérpretes. Conmovieron especialmente en el segundo movimiento –Con ternura– llegando al exultante Agitato final que atrapó al auditorio de la SFV sin posibilidad de escapatoria. Yo me lo puse otra vez en el youtube al llegar a casa…

Muy de agradecer la inclusión del Cuarteto Op. 56 (Voces Intimae) del finlandés Jan Sibelius escrito en plena madurez. Posiblemente es una obra que le sobre más que le falta. Desafiante en su escritura, los Bretón, grandes profesionales, se volcaron con ahínco en una versión trabajada y pulida al detalle. Lástima que para terminar no honraran a quien da el nombre al grupo: Tomás Bretón, quien escribió al menos cuatro cuartetos de cuerda. Ellos prefirieron bisar con una deslavazada miniatura de Granados. a ver la próxima…

 

 

 

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